
Muchos saben que no soy un apasionado del deporte. Ahora, eso no implica que rechace cualquier tipo de actividad física que luche contra el maldito sedentarismo. Siempre he creído que una buena subida de escaleras o un trayecto a pata de más de diez cuadras vale por una hora en el gimnasio o en un partido de algún sofisticado deporte. Sí soy fanático del ejercicio cotidiano, caminar, tomar aire, disfrutar y despejar la cabeza. Un experto podría decirme que el trabajo físico del gimansio sirve para "localizar" el ejercicio y tonificar, dar forma, reducir, etc... Sigo conforme con la "forma de mi cuerpo", tiene sus desproporciones y un rollo cada vez más notorio, pero sirve y la moda de la musculosa no va conmigo.
No quiero latearlos con mi manifiesto "anti-gym" pero todo lo anterior sirve pa' introducir un nuevo "ejercicio" narrativo. Nada de sedentarismo bloggiano. Aquí vamos:
Bicicleta. Zapatillas. Audífonos y el playlist especial pa' la ocasión. Partimos. Realmente te sientes desafiando tus capacidades. La velocidad se hace notar en la brisa y en cómo el mundo que te rodea toma otra forma. Quiero decir, se deforma y con él, el tiempo. Tú avanzas más rápido que el minutero de tu reloj. Nada te atemoriza. Eres superior a cualquier conductor esclavo de su carcacha. Para que decir del chofer, profesional del tedio al volante.
Pero seguir la ruta de los ciclistas tiene sus inconvenientes. De partida, no estás solo. Esta salida de madre contra el estrés no es de unos pocos. Mientras avanzas, eres parte de un cardúmen de rebeldes con causa. Y como colectivo, tiene sus reglas. Más bien, hablemos de normas de conducta. Algunas son más restrictivas, otras más comprensivas. Todas intentar asegurar una sana convivencia entre ciclistas y trotadores. Mucho tiempo se ha hablado de rivalidad, tensión. Yo diría que hay más amor y odio. Quien trota hace un esfuerzo mayor en el instante y su proeza es sólo suya, sin ayuda de maquinaria. Por eso, cuando pasas al lado o te cruzas con uno de ellos, es mejor que lo saludes según la primera regla: no intentes transformarte en un obstáculo. Es preferible que guardes tus modales, no alzes esa mano y ni la sacudas. Déjala quieta, cerca tuyo.
Tampoco te atrevas a desafiar a otro rebelde, ciclista o trotador. El duelo es contigo mismo, tu cuerpo, el aparato respiratorio y la mente. Ellos están en lo mismo, cada uno en su circuito y con un objetivo personal, una meta íntima. Tercera regla: no se aceptan presumidos. Y si los hay, que se pudran en su sudor falso, en sus zapatillas traídas del espacio y en el equipamiento recién salido de la tienda aquella. Debes, sí, debes respetar las capacidades del otro, sus afecciones y molestias. ¿Cómo? No fisgonees ni te metas en lo que no te interesa. No hay en esta ruta ironmen ni cintitas que cortar con aires de grandeza. Para eso, paga nosé cuantos dólares y ándate a correr a las pasarelas de los de tu especie.
Se sigue de lo anterior que tampoco rechaces al gordito recién iniciándose en la purificación; ni tampoco a los octogenarios que no corren, sino caminan sus últimos momentos en esta ruta, en esta ciclovía... en la "ciclovida".Vp.
(Continuará...)
Soundline: Ufff. Llegas agotado y no quieres escuchar cualquier cosa. Deseas que en tus oídos retumben los compaces de la victoria. Entonces, deja que Kanye West te enseñe a ser todo un campión.Sdl.
Champion - Kanye West (Graduation)
